¿Cuántas historias conocemos en el mundo, que nos hablan de “amor”? ¿Cuántas canciones, cuántos films, cuántos libros, pinturas, personas, publicidades, nos hablan de este extraño fenómeno llamado “amor”? ¿Y qué sucedería si descubrimos que el “amor” no existe?
Según una encuesta abierta que realicé en mi página personal de facebook, bajo la pregunta de ¿Qué es para vos el amor?, La mayoría de las personas han respondido una cantidad de adjetivos positivos (y en mucha menor cantidad, negativos) que van aparentemente asociados a este concepto de amor, que va muy relacionado al amor de novela, o al concepto de amor de diferentes visiones psico – espirituales. Pero, ¿realmente eso es el amor para vos?
Algunas respuestas:
Amor: libertad, compasión, comprensión, respeto, dar, transparencia, plenitud, lo opuesto al miedo.
Amor: una mierda, sufrimiento, algo que ya no queda, vulnerabilidad, desapego.
Amor: Dios, la esencia, el motor del universo, la energía más poderosa, lo es Todo.

Por ejemplo, en el diccionario encontramos estas definiciones:
Amor (nombre masculino)
1. Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.
2. Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común.

No les parece esta (o cualquier) definición un poco… ¿limitada?
Luego de entender que el amor no es lo que me han enseñado, nunca más pude llegar conceptualizarlo de una forma satisfactoria, y ese, fue el motor de mi pregunta. Pocas personas han respondido con esta misma sensación de que es muy difícil llegar a una definición de amor, de poner en palabras, que es un lenguaje que proviene desde lo intelectual, a algo que se vive en un plano distinto, desde lo emocional, las sensaciones y el impulso.

Vivimos en un mundo, donde estamos inevitablemente inmersos en construcciones (familiares, sociales, culturales) que van moldeando nuestro psiquismo durante el desarrollo de la vida. Nos enseñan cómo deben ser las cosas, cómo se debe pensar al respecto, qué debemos sentir, que se puede (o no) desear, incluso nos enseñan lo que necesitamos para vivir. Estos pueden ser unos mecanismos invisibles que no te molesten en el caso de que lo aprehendido resuene con tu profundo ser, o puede ser muy incómodo para quien se salga de esas reglas preestablecidas. Para mucha gente, pensarse fuera de este sistema es una aberración, para otra gente, una utopía.

El tema es que el ser humano tiene la capacidad de ir moldeando su personalidad dependiendo el contexto en el que se desarrolle. Nuestro inconsciente es totalmente permeable a lo que sucede, y graba absolutamente TODO lo que percibe, aunque no lo recuerdes; es como un disco duro que se activa desde antes de nacer (cuando el cerebro ya está formado en el vientre materno), y funciona durante toda la vida. Entonces, nuestro trabajo en el crecimiento personal, tiene que ver con comenzar a identificar qué es lo que me han enseñado, y si aquello me sirve o no.

De allí que muchas de estas construcciones, dependiendo de la época y el contexto, han ido mutando, y otras no. En muchas culturas la construcción de la sexualidad es muy distinta, con respecto a lo permitido y a lo prohibido. Y lo mismo sucede con el amor, y muchísimos conceptos que nos atraviesan.

Lo cierto es que muchas veces vivimos estados internos en los que comenzamos a entrecruzar estos conceptos aprehendidos, con lo que sucede en nosotros, y esto genera una existencia incoherente, una división de fuerzas que muchas veces se vuelve algo insostenible, e insoportable, como tener al “mundo entero” en contra. Pero lo que está en contra, no es El Mundo, sino, lo que se nos enseñó que es “el mundo”, esa construcción grabada en nuestro inconsciente…

Por lo tanto, desde este lugar podemos decir que “el amor no existe” en cuanto a intentar esta conceptualización, que lo único que va a lograr es una limitación de las infinitas posibilidades de amor que puedan existir. Entonces, amor puede ser todo eso que la gente ha respondido, ¡y mucho más! Es hora que dejemos de hablar de “no me ama”, “no tengo suficiente amor”, “es falta de amor propio”, pero primero ¿qué coño es el amor? ¿de qué visión de amor estamos hablando?

El amor no (solo) es lo que nos han enseñado, ni lo que nos muestran en los medios, ni en las religiones, ni en la familia. El amor es una construcción propia, profunda, única y personal: cuanto más apertura, más compleja (o más simple).
Hacer esta apertura consciente, es dejar de catalogar y etiquetar muchas cosas, sabemos que eso es solo una necesidad de nuestro ego para sentirse cómodo, poderoso, sabio… pero hay algo más allá, aceptar la infinitud, la multiplicidad de dimensiones, de voces, de formas, nos hace más compasivos, más receptivos, más abiertos, más sensibles, algo que puede acercarse mucho a eso que llamamos “Paz”.

Existen tantas dimensiones del amor, como seres que han existido, que existen y existirán.
¿Te atreves a descubrirlas?

Gabriel Lumière.

Un día salí con una amiga a caminar un tiempo por un monte que no conocía, donde el movimiento y el silencio se transforman en una especie de meditación. Comencé a pensar en cómo me estaba sintiendo en ese momento, en mi vida cotidiana: salir de mi entorno común, de mi casa, de la ciudad, es parecido a salir de tu Yo (Ego) y entrar en las profundidades de una/o misma/o.

En el camino de retorno, miro mi sombra (algo que también es externo a mi, y tiene que ver con la imagen que proyecto) y observo sobre el suelo un dibujo parecido al del arcano VIIII del Tarot, el Hermitaño, un personaje que refleja un poco ese estado de profundo viaje interior e introspección que se hace desapegándose del Yo(Ego). Ver esa imagen proyectada afuera mío, y analizarla como algo externo a mi, me trajo la idea de que a veces es necesario salir de nuestro drama porque nos permite interpretarlo y resolverlo de manera más útil.

Un maestro dijo una vez:

“Intentar frenar la mente pensando, es como intentar frenar una bola de nieve cayendo por una montaña, desde adentro de la bola de nieve.”

 

Esta metáfora nos habla del lugar desde donde intentamos hacer las cosas.

¿Cuántas veces nos enrollamos pensando y pensando sobre una situación sin encontrar la salida?

Muchas veces ante las vicisitudes de la vida, el entorno y los vínculos, entramos en un torbellino de actos, emociones y palabras que nos sumergen en un caos dramático del que no nos es posible salir, o no encontramos la forma de hacer algo para mejorar o transformar la situación, a algo más sano o más útil. Si estamos en el torbellino e intentamos pensar desde allí, el resultado será más de lo mismo.

 

¿De qué manera es posible encontrar la solución? Observando(nos) desde afuera del caos. Mirar nuestra vida como espectadores de ella, sin identificarnos con el protagonista: el Yo(Ego).

¿Difícil? Propongo unos ejercicios prácticos para observarnos desde afuera.

 

La clave es poner afuera lo que está adentro de nosotras/os:

*Escritura automática: consiste en relatar por escrito durante unos cinco minutos, y sin frenar, todo lo que venga a la mente en un momento de caos. Sin analizar demasiado lo que digo.

 

*Grabar audios relatando la situación como si se lo contáramos a nuestra/o mejor amiga/o, sin filtros.

Al otro día, una/o puede leer o escuchar lo que ha expresado, permitiéndonos percibir la situación desde afuera, yendo más allá de lo dicho, y brindándonos la capacidad de encontrar un camino útil para transformar o mejorar.

 

“Los problemas no pueden ser resueltos en el mismo nivel de pensamiento en el que fueron generados”

Albert Einstein.

 

Ojalá les sea útil! Bella vida!

 

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ZETA NOS CUENTA SU EXPERIENCIA:

Tenía una situación incómoda con – tres –

compañeras del trabajo

que sentía que me asfixiaban: Una relación bastante tirante con todas, de mala vibra. Mi tema era la sensación de encierro que sentía, como si ellas me atraparan energeticamente, me sentía invadida en mi territorio.

Fui a una de tus consultas, y al ver las cartas, lo primero que me preguntaste es si había alguien en mi familia que había perdido el territorio, si alguno de mi familia había tenido pleitos con hermanos por dinero o territorio.

Lo primero que se me vino a la cabeza fue mi abuela, y la pérdida del campo. Me dijiste entonces, que tal vez, las tres personas que me hacían sentir lo que sentía, tenían problemas con los hermanos, con el territorio, con dinero; y así era.

Me diste entonces un acto simbólico para sanar la relación con el territorio:

Tenía que buscar tierra del campo que había sido de mi abuela, colocar esa tierra en una maceta, poner una planta y regalársela a mi abuela, de esta manera ella estaría recuperando simbólicamente sus tierras. Me acuerdo que me dijiste que mi abuela iba a cuidar mucho esa planta. Hice el acto y fui a regalársela. Lo interesante es que en ese momento, mi abuela se encontraba en una situación familiar conflictiva, se sentía invadida en su casa porque una de mis primas con su marido e hija (tres personas) se habían ido a vivir a su casa. De hecho uno de mis tíos se apropio de su casa haciéndole arreglos para que viviera mi prima. Ante esta situación , mis tíos se pelearon entre todos , y mi abuela sentía nuevamente perdiendo su territorio. Me acuerdo de un sábado a la tarde que fui a  llevarle la planta. Meses después, mi prima se fue a vivir a otra ciudad y mi abuela vive en su casa sola, sintiendo que es nuevamente su casa. En mi trabajo , las cosas mejoraron y luego de unos meses cambie de trabajo.

¡¡Hermosa  sanación!!

Una vez me preguntaron, ¿Qué es el Ego?

Y sin que me den tiempo a pensar, respondí: el ego es como un trajecito que nos ponemos cuando estamos ante un Otro (con mayúsculas).

Nuestro Ego no tiene números, ni formas fijas. Nuestro Ego puede ser uno, o mil, y se va a transformar continuamente, dependiendo quién lo esté observando, o con qué esté interaccionando.

Si no lo conocemos, ese Ego va a poseernos y va a actuar automáticamente en nosotros, ya que la función del Ego es la supervivencia, mantenernos a salvo, y por eso trabaja con todos esos mecanismos automáticos. Nuestro Ego crea las defensas que pueden ser también las mismas corazas y barreras que no nos permitan conocer ni relacionarnos desde la verdadera Esencia.

Nuestro Ego va creciendo y evolucionando igual que crece y evoluciona nuestra consciencia: Tu te vuelves más grande, el ego se vuelve más grande; tu te vuelves más sabio, el ego se vuelve más astuto.

Conocer nuestro Ego, nos permite transformarlo en un aliado útil, entender su accionar para predecirlo. Cuando se logra rasgar ese velo del Ego, eliminando las defensas, mostrando un pedazito de esa Esencia tal cual es, sin nada que agregar y quitar, cuando uno realmente se anima a ser lo que es, es estar desnudo y vulnerable, es dejar esos trajes para mostrarse como se es, sin necesidad de máscaras.

Entonces, en ese momento en que se eliminan las defensas, mostramos al Otro la cantidad de trajes, máscaras, corazas y barreras que tiene activas y puestas, y que además ya no sirven, ya no tienen utilidad ante instante de desnudez; como en un encuentro de total intimidad.

Ahí es donde quedan solo dos opciones: que quien nos ve desnudos se desnude, y el encuentro se realice. O que huya, obligándonos a vestirnos.

Nuestro Ego no tiene números, ni formas fijas, como la Esencia.

Nuestro Ego puede ser uno, o mil, y se va a transformar continuamente, dependiendo quién lo esté observando, o con qué esté interaccionando, como una obra de Arte.

 

Vale más un segundo de desnudez, que una vida entera detrás de una máscara.

 

Gabriel Lumière